Aventuras Export en Irán

Aunque ahora me centro profesionalmente en los mercados africanos, os muestro esto para que veáis algo de un país del que todo el mundo habla ahora pero poca gente conoce.

Entre 2009 y 2015, me tocó ir a Irán varias veces por trabajo, visitando Teherán e Isfahán. De todos los países que he visitado, este es es probablemente el que más huella me ha dejado.

Recuerdo que la primera vez fui con un compañero y me alojé en el Parsian Esteghlal, en Teherán. Por aquel entonces el hotel estaba bastante viejuno, ahora veo en Internet que lo han renovado. Desde el balcón de la habitación saqué estas fotos de Teherán con las montañas al fondo:

Incluso se veía nieve:

Una cosa que observé enseguida es que el país estaba menos desarrollado que Occidente, sobre todo por los coches que había.

También me llamó la atención el hecho de que las mujeres podían mostrar la cara, no estaban obligadas a llevar una túnica que les cubriera todo el cuerpo y trabajaban en las empresas compartiendo espacio con los hombres. Acostumbrado a Arabia Saudí, país al que más viajaba y donde eso era impensable, noté el contraste.

Cualquiera que haya estado en Irán coincidirá en que lo mejor es la gente: los iraníes. ¿Cómo son los iraníes? Viéndolo en perspectiva y para que se me entienda, supongamos que cada sociedad funciona según este bucle:

  1. Tiempos fáciles crean hombres débiles
  2. Hombres débiles crean tiempos difíciles
  3. Tiempos difíciles crean hombres fuertes
  4. Hombres fuertes crean tiempos fáciles

Pues bien, digamos que España está en la fase 1-2 y los iraníes están en la fase 3 desde hace 45 años. Si pinchan una rueda en la carretera, no llaman al seguro. Se la cambian ellos. Si se les rompe un grifo, no llaman al fontanero. Se lo arreglan ellos. Mi sensación es que son por lo general gente más dura y autosuficiente y menos quejica que nosotros porque su mundo tiene menos comodidades que el nuestro.

Otra cosa a tener en cuenta de los iraníes es que son gente bastante culta y conocen bien su historia. Están muy orgullosos de ser herederos del imperio persa. Aún se acuerdan del gran rey Ciro y de Persépolis. Os animo a mirar documentales de Youtube sobre estos temas para conocer un poco más de la historia de este maravilloso país.

A trabajar. Maletín con ruedas, catálogos y muestras, tarjetas y a visitar empresas por Teherán. Al final siempre es lo mismo: “yo compro producto chino, es más barato y me funciona”. Ese es el inicio de la batalla. Necesitas superar ese obstáculo para conseguir pedidos que alimenten las líneas de producción de la fábrica. Siempre he pensado que el comercial es el delantero centro de la empresa. Cada pedido era como marcar un gol y mi misión era marcar todos los goles que pudiera. Al menos, yo lo enfocaba así.

Ahora que ayudo a empresas españolas a abrir mercados, miro atrás y veo lo valiosa que ha sido esa experiencia de comercial export, defendiendo a caraperro el producto español frente al resto en batallas de medio mundo. Nunca en mi vida he disfrutado ni aprendido tanto como en esa etapa. En el caso concreto de Irán, fue difícil pero hubo muy buenos resultados.

Recuerdo que aprovechando que venía un clérigo, el compañero que venía conmigo hizo una foto para que saliera, pero salió borrosa. Mecachis. Es que nos hacía gracia la vestimenta que llevaban.

La foto más típica que te puedes hacer en Teherán:

Torre Azadi, Teherán.

Respecto a temas políticos, nunca toqué el tema por precaución. Me sorprendió que un día, al decirle al taxista que nos llevara a ver algo en Teherán un rato que teníamos libre, no se le ocurrió otra cosa que llevarnos a ver la tumba de Jomeini. La foto salió fatal, pero esta es:

En lo referente a la comida, se come mucho cordero, mucho arroz, mucho tomate y mucho pepino. Y se comía mucho una especie de yogur que no era yogur, sino algo parecido a la mayonesa. Nunca supe qué era aquello, pero a muchos iraníes les volvía locos. Personalmente, cuando podía elegía pescado para variar un poco:

Una de las cosas que recuerdo era la panzada de kilómetros de coche que me tenía que pegar desde Teheran hasta Isfahán, que era donde estaba el distribuidor que finalmente encontramos. El paisaje era desértico:

El trayecto era aburridillo y me entretenía mirando lo que había. Veía casas con letras que no tenía ni idea de lo que decían: no se si eran temas políticos o si vendían algo:

Siempre pasaba por una central que me recordaba a la de los Simpsons, una vez le hice una foto:

Entre Teherán e Isfahán, pasábamos siempre por Qom (ciudad sagrada) y por Delijan. En esta última, el chófer hacía una parada en un restaurante de carretera y nos poníamos hasta arriba de cordero. Me sabía genial, yo creo que era por lo feliz que estaba mientras disfrutaba de vivencias en un país tan lejano y diferente. Al contrario de las personas que sufren estando lejos de casa, a mí nada me hacía sentir más afortunado.

Y por fín, Isfahán. El distribuidor siempre me reservaba habitación en el Hotel Abbasi, una maravilla de sitio:

Isfahán siempre me gustó más que Teherán. La ribera del río Zayandeh -que ahora está seco- era bonita y había muchos puentes, como en Zaragoza con el Ebro.

Al fondo, el río Zayandeh y el archiconocido Si-o-se Pol (Puente de los 33 Arcos), del que en Isfahán están tan orgullosos como los aragoneses estamos de El Pilar.

Esta foto fue durante un viaje que hice porque mientras estaba en Malasia visitando clientes, me dijeron los iraníes que me necesitaban como soporte en una feria local y les dije que sin problema, que me venía de paso en el viaje de vuelta. Cambié el billete de avión y ya está. Para mí era otra semana fuera de casa a gastos pagados y gozando como gorrino en un lodazal. Como me decía un amigo mexicano que conocí hace siglos: «Qué más le puedes pedir a la vida, pinche Sergio»

Por cierto, así es el Si-o-Se-Pol por dentro:

Y así se ve la ribera desde uno de los arcos del puente:

Los jardines de alrededor:

Lo dicho, a veces me recordaba a Zaragoza:

Otro recuerdo bien documentado que tengo es de cuando me llevaron un restaurante precioso, llamado Shandiz. Estaba en lo alto de un cabezo. Era todo de piedra:

Aproveché para comer pescado:

Y para sacar unas fotos con Isfahán al fondo:

La población aproximada de la ciudad es de 2 millones de habitantes.

Por cierto, siempre me llamó la atención la belleza de muchas mujeres iraníes. Los rasgos persas les dan un aire enigmático que mejor no sigo hablando.

Tampoco puedo contar todo, no acabaría nunca. En resumen, mi experiencia en Irán fue muy positiva y mis vivencias allí me han ayudado a crecer como persona. Por ese motivo, creo que tengo la obligación moral de explicar ciertas cosas, pues desgraciadamente vivimos en una sociedad bastante ignorante respecto a temas geopolíticos. Así que, a todo/a español/a que esté leyendo esto, me gustaría darle este mensaje sobre los iraníes:

1- No son árabes. Son persas. Eso no significa que sean mejores ni peores, pero son diferentes. No seas tan cazurro de no diferenciar ambas culturas. De hecho, se parecen a tí mucho más los iraníes, por lejos que estén, que los marroquíes.

2- No hablan árabe, sino farsi. El alfabeto coincide, pero el idioma es diferente. A nivel fonético es fácil diferenciarlos: mientras el árabe está lleno de sonidos guturales y abusa de fonemas fuertes como la erre doble y la jota, el farsi es más suave y musical y usa mucho el fonema «d».

3- Son gente muy cercana, en eso son parecidos a los españoles. Enseguida te entiendes con ellos y se establecen conexiones personales de forma natural.

4- Si un día se da la circunstancia de que Irán se abre al mundo, quítate de golpe todos los prejuicios que puedas tener encima y ve corriendo a conocerles, a abrazarles, a ayudarles en lo que puedas y a hacer negocios con ellos. Te darás cuenta de que son unas personas maravillosas, llenas de valores y muy válidas.

Gracias por haberte tomado el tiempo de leer este artículo. Espero que te haya sido ùtil.

Sergio

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