Aventuras export en Angola

Me preguntan últimamente mis amigos que a qué me dedico exactamente. Algunos no entienden que me haya ido por ahí a vender si soy consultor. Aprovecho para aclararlo en el siguiente párrafo.

Con los servicios de consultoría, mis clientes consiguen entrar con éxito en mercados africanos y de economías emergentes. Pero mientras pueda, lo compaginaré con ser comercial freelance para poder salir de vez en cuando a vender productos de otras empresas. Es lo que me gusta, soy feliz así y me sirve para no perder el pulso del mercado. Y de paso, cuando colaboro con un cliente que se va a desplazar a Angola, Mozambique, Madagascar, Zambia, Bostuana, Sudáfrica o Chiquitistán, al margen de los colaboradores que tengo sobre el terreno, le puedo ayudar en muchos detalles porque me ha tocado vivirlos en primera persona.

Ya está.

De nuevo por Angola, país que cada vez me gusta más. Será porque cuanto más lo conozco, más negocio detecto. En el fondo, el éxito en exportación quizá se base en eso: en entender el mercado que quieres conquistar. Me viene a la mente la frase de Julio César: “Vini, vidi, vinci”.

La llegada a Luanda ya fue con retraso de varias horas por la conexión de Lisboa, de forma que aterricé a las tantas de la noche. Las tiendas del aeropuerto ya estaban cerradas, con lo que no me pude comprar una SIM local. No se te ocurra conectar un móvil de Orange en Angola, tendrías que vender la casa para pagar la factura de lo que cuesta recibir un mensaje de WhatsApp. Y como no había un miserable taxi disponible (no había más vuelos hasta el día siguiente y el aeropuerto era un solar) tuve que recurrir al segurata del parking. Fue él quien tuvo la amabilidad de llamar a Yango (el über de allí) para que alguien me viniera a buscar. Hay que decir que esta vez, en lugar de ir a un hotel, fui a un apartamento. Iba a estar 8 días en Luanda – muchas cosas que hacer en esta ocasión – y pensé que podía ser una buena idea. Acabó siendo una decisión excelente:

Vista desde la terraza. Por el otro lado, lo que se veía era la foto de la portada. Bien.

La cocina, muy correcta. El tema de la dieta en los viajes tiene su importancia. Comer siempre en restaurantes acaba cansando y al final el cuerpo te pide comida normal. Unas judiícas verdes con patata. Algo de pescadico. Cosas de esas.

Como me tenía que cocinar, pues tuve que ir a los supermercados a comprar, lo cual abre infinidad de posibilidades para vivir momentos surrealistas:

¿Quieres comprar huevos? Ahí los tienes, a granel. Coge una bolsa y ponte los que quieras. No me lo podía creer. Hay que decir que este supermercado es una llamado “Arreiou”, que es para los pobres. Quizá por eso la gente me miraba raro al sacar un mazacote de billetes. Es que lo que me habían dado al cambiar dinero era esto:

El error fue me dieran todo en billetes de 500 Kwanzas y no de 5000. (1 euro = 1.066 kwuanzas)

Con esto, más las judiícas y el pescado que estaba en la nevera, ya podía tirar palante. Mi leche con galletas. Mis macarrones con chorizo. Mis garbanzos con arroz. Otra cosica es. Que si no, todo es beber Coca Cola y comer historias aderezadas con patatas fritas congeladas. Esa película me la conozco ya.

Por cierto, me sorprendió el tema de la galletas y los yogures. Si eran de importación su precio era 10 veces superior al del producto fabricado en Angola. Ejemplo claro del efecto que tienen en el consumidor los aranceles con objetivo de proteger a la industria local.

Los yogures de proteínas YOPRO costaban al cambio 6€/unidad. Chico, no sé quién los comprará.

Respecto al tema business, todo bien. Otro español con el que coincidí, un manchego que vendía material de construcción, también estaba contento. Y entre visita y visita tuve el privilegio de disfrutar la belleza de Luanda:

Carreteras asfaltadas y sin agujeros, no está mal

Luanda es toda una potencia en lo referente a edificios con fachadas feas y lamentables. En una competición internacional, únicamente veo a Maputo con opciones de quitarle la medalla de oro.

Aquí, al salir de una de las visitas, tuve un momento de conversación conmigo mismo, plagado de preguntas metafísicas sobre el significado existencial cósmico inherente a la levedad del ser. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Si voy por el camino correcto ¿qué narices pinto aquí, en un descampado en medio de la nada, en un país tercermundista, sufriendo calamidades innecesarias? ¿tanto estudiar pa esto? ¿no estaría mejor en una oficina haciendo cálculos y planos, que es para lo que me saqué la carrera?

Entonces recordé que esto ha sido mi decisión. La cabra tira al monte y los de export tenemos una tara en el ADN que nos empuja hacia terra incógnita. Es la única forma de abrir nuevos caminos para el negocio y alguien lo tiene que hacer. Ahí está el sentido de todo esto. Ese es lugar del eslabón que ocupamos en la cadena que mueve un mundo que a veces parece dirigirse al abismo.

Lo bueno estos momentos de introspección y gilipollez es que duran poco porque tienes que ir a la siguiente visita y no puedes llegar tarde, así que arreando al coche.

Y ya el último día me fui a cenar con el manchego:

Arroz con trozos de anacardo y gambas en salsa picante estilo indio. Otra vez haciendo sufrir al esfínter. Esto pasa cuando sales a cenar a restaurantes modernos que tienen una carta llena de platos raros y al final eliges lo que no es. Valió la pena por la excelente compañía. Si no, mejor habría sido quedarme en casa con el pescadico.

Como traca final, a la hora del Check-In en el vuelo hacia Johannesburgo, los de la aerolínea me imprimieron el billete a nombre de otra persona. Se dio cuenta el del control de pasaportes, yo ni me había fijado. Tuve que volver al mostrador y fueron a buscar mi maleta para quitarle la etiqueta y poner la nueva. Nunca me había pasado.

En fin. Hasta pronto, Luanda.

Impresiones que me llevo de Angola en esta ocasión:

* Al mercado angoleño se le presta menos atención de la que se merece. Por muchos defectos que tenga el país, hay empresas que quieren hacer negocio y existe una clase media que consume, aunque sea una parte minoritaria de la población. Oportunidades hay.

* Para tener éxito hay que venir. No te vas a abrir paso en este mercado a base de videollamadas.

* La estrategia en este país dependerá en gran medida de si tu perfil de cliente es empresa privada o pública.

* Tu competencia europea seguramente será de Portugal. No se ve a muchos alemanes, franceses o italianos por aquí.

¿Quieres exportar tus productos a Angola? Te puedo ayudar de diferentes formas: sergio@dutic.com

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